Enviar
Red Teatral
locos por los musicales

Noticias

Entrevistas

SILVIA LUCHETTI: SIN PALABRAS

Charlamos con Silvia Luchetti, que nos dejó, literalmente, sin palabras...


Impresionado por la locuacidad, alegría y derroche de imaginación y profesionalidad que, la persona que tenía ante mí, desprendía, apenas podía atreverme a sacar el borrador con las preguntas de la entrevista, por miedo a resultar poco espontáneo, demasiado acostumbrado al milímetro y a los tiempos marcados. Poco a poco, con cierto disimulo, deslicé la mano hacia la carpeta, buscando el papel salvador que me iría guiando a través de la charla, que se adivinaba interesante y reveladora, sobretodo para los que amamos los musicales y las artes escénicas, en general.

Un momento de pánico invadió mis pensamientos, si es que había pensamientos en aquella impávida mente en blanco, incapaz de ordenar, con coherencia, más de dos ideas seguidas ante el espanto de comprobar, incrédulo, que el papel con las preguntas de la entrevista, no se encontraba en la carpeta. ¡No hay reportaje! ¡Se acabó la credibilidad! ¡Fin de la profesionalidad y el rigor que intentamos poner en cada uno de nuestros artículos!

Entonces, una voz interior me llamó por mi nombre, mientras sonreía estúpidamente a nuestra interlocutora, recordándome que, pese al rigor, profesionalidad y credibilidad de nuestros escritos, había algo que despuntaba por encima de las demás cualidades, algo que diferenciaba el trabajo de redteatral, algo que venía, directamente, del corazón, y que todo el mundo llamaba cariño...

Ni corto ni perezoso, dejé hablar al corazón; miré a nuestra interlocutora fijamente y, con todo el cariño del mundo (pero sin preguntas), comencé la entrevista que aquí os regalamos, fruto, sin duda, de una experiencia más allá de toda palabra y, en efecto, de toda cuestión.

Señoras y señores, se alza el telón... Con todos ustedes... ¡SILVIA LUCHETTI!

Redteatral (R): ¿Qué te parecería comenzar hablando de “Los miserables”? Interpretaste a Cosette en Buenos Aires, ¿qué puedes decirnos de esa experiencia?

Silvia Luchetti (SL): Que fue puntual en mi carrera

R: Aquí puntual significa otra cosa. Tú, supongo, quieres decir que fue un punto importante.

SL: Claro. Fue un punto importante.

R: Es que, aquí, puntual significa algo que no hay que darle mucha importancia.

SL: (Risas) No. No Para mi “Los Miserables” es lo más de lo más. Además, nunca, pero nunca jamás, hice un musical que me movió lo que me movió “Los Miserables”. Fue el segundo musical que hice. El primero fue “Bella y Bestia”

R: Sí, en el 99. He venido preparado. Sin preguntas pero preparado...

SL: (Risas) Yo antes venia del ballet. De Julio Bocca, del teatro Colón. Mi mamá es cantante, y la parte del canto también estaba siempre ahí... Entonces llega CIE, la productora, que empieza a traer muchos musicales que vienen de afuera... El primero fue “La Bella y Bestia”. Y yo dije: “voy a probar cantando, a ver qué pasa”. Y ahí entré en “Bella y Bestia” como reemplazo y como coro. Hacia un poco de todo. Fue ahí donde me empecé a familiarizar con lo que era el musical. Yo era muy ignorante de todo lo que era el musical...

R: Habías visto alguno, seguro, como público...

SL: Es que no había tanto en Argentina. Había, pero yo también iba un poco para otro lado, con el ballet, la Ópera. Mi mundo era la lírica y el ballet clásico. No le daba importancia a otra cosa, a otra movida. Y lo que me hizo el teatro fue abrirme la cabeza. Me empecé a interesar por el teatro, el canto... Y me di cuenta que hacer teatro musical era muy complejo. Y que tienes que estudiar toda tu vida.

R: ¿Cómo defenderías tú este género?

SL: Hay gente que lo considera un género menor... Yo en algún momento de mi vida, a los 18 años y viniendo del ballet, también lo hice. Entonces puedo hablar porque sé lo que es. Y es ignorancia. No tienes idea de lo que conlleva tener que defender un papel pasando del texto a una parte cantada y que no se note. Después, de pronto, bailar e incluirlo en la historia, y no que sea una mera coreografía, sino que tenga un significado y no que se pongan a bailar por bailar. Que es lo que ves en Londres o en Broadway, gente que está preparada. Y es estudiar mucho. Definitivamente tienes que ser un apasionado. Si no, dedícate a otra cosa.

R: Muchos comentan que, por ejemplo, en Londres, la diferencia que hay con respecto a España, es que la gente que trabaja en los musicales es gente que se ha preparado en exclusiva para musicales. Aquí sin embargo puedes encontrar cantantes de Zarzuela, bailarines, etc.. pero en muy pocas ocasiones alguien que se ha preparado, en exclusiva, para interpretación musical...

SL: No hay una cultura del musical. Pero eso se está gestando. Yo creo que España es un país en pleno crecimiento y en auge del musical. Se está experimentando. De hecho, hay producciones que son totalmente españolas y hay gente que las va a ver y dice “pero esto o aquello”, pero es normal que haya fallos porque no es un país donde haya una cultura del musical. Nunca nos vamos a poder comparar con Londres, ni con Norteamérica. Aquí hay excelentes actores, hay excelentes cantantes, hay excelentes bailarines. Lo que hace falta es una buena escuela de musical. Donde el actor se prepare más cantando y bailando. Lo ideal sería conectarse con Londres y traer programas de ahí. Porque la verdad que lo tienen muy, muy claro, sobretodo la forma de estudio, y está todo enfocado a lo que es el teatro musical; se trabajan las tres áreas: canto, baile e interpretación con la misma seriedad.

R: Bueno, poco a poco vamos avanzando. Y en Buenos Aires también

SL: En Buenos Aires también, pero es muy diferente. Allí, por ejemplo, en el gobierno tienes una escuela de comedia musical. Lo que era antes la escuela Nacional de danzas ahora se ha dividido y tienes la carrera de teatro musical. Y eso es totalmente gratuito y te lo paga el gobierno. Yo creo que el público también se va haciendo a la cultura del musical poco a poco...

R: Eso es importante. Además, sobre todo el público joven. Has hecho por ejemplo “La bella y la bestia” que atrae a niños y a no tan niños. Pero ahí tienes un publico más infantil que el que pueda ir a ver “Jesucristo Super Star”, por poner un ejemplo...

SL: En “Bella y bestia” Ahí empecé. Porque como soy un poquito obsesiva trabajando, dije: si me voy a meter en un musical tengo que saber de musicales. Ahí empecé a estudiar. A leer, a ver. A comprarme música... ¡Amazon explotaba conmigo! (Risas) Luego, estando en “Bella y bestia” empiezó a correr el rumor de que venía “Los Miserables”, que fue una de mis novelas preferidas en la secundaria, me encantó. Y siempre me identifiqué con Cosette. Me fascinaba por la historia con el padre, con lo mal que lo pasó de pequeña.

R: El personaje en el musical está mal tratado. Yo he leído la novela cinco veces, es mi novela favorita, me encanta. Víctor Hugo es lo más grande...

SL: ¡Estoy de acuerdo! (Risas) Fíjate que, como te he dicho, siempre me identifiqué con Cosette, así que me preparé para ese papel y... ¡pum!, ¡lo conseguí! Fue el primer papel protagonista que me dieron.

R: ¿Me puedes contar cómo fue, con un poquito más de detalle, el proceso de audición?

SL: Para mi fue el más lento que he tenido. Donde juré y perjuré no ponerme tan ansiosa con un papel jamás. El casting fue muy largo porque los directores eran ingleses y tenían que viajar a Argentina, con lo cual, entre audición y audición, había una espera de tres meses, cuatro meses, lo cual era absolutamente angustioso... Yo hice la primera audición de los Miserables, cantando West Side Story. Luego hubo otra audición más. Pero el proceso íntegro fue de nueve meses a un año. Pero, como te digo, por las esperas, porque los directores fueron tres veces. La última vez te graban por que en “Los Miserables”, a diferencia de otros musicales, la última palabra la tiene Mackintosh. Su bebé es “Los Miserables”, su auténtica niña mimada.

R: ¿No sucede, también, con “El Fantasma de la ópera”, por ejemplo?

SL: No. Eso solo pasa con “Los Miserables”. Mackintosh la cuida como si fuera oro y él da el último “Ok”. Y ahí tuvimos la mala suerte que se perdieron las grabaciones y tuvimos que volver a grabarlas, por eso fue tanto tiempo. Te contaré una anécdota curiosa: Yo, para la audición, estaba tan ansiosa que me había mandado hacer un vestido negro parecido al de Cosette, y fui, incluso, con dos trencitas en el pelo, para parecer más niña. Y el director inglés, con quien después terminé siendo bastante amiga (hemos ido a cenar a Londres con Elena Roger y un grupete), me decía que se reía mucho de mi. Un día, en plena audición, me dijo que estaba muy seria, que para la última audición me quería ver diferente. Y me fui, a la siguiente, con un pantalón floreado y una camisa de mil colores.... y él se reía porque no había visto nunca nada así.

R: Y cuando te dan el sí, ¿qué se siente?

SL: En ese momento fue como... ¡BUFFF!… Ahora ya te llaman y te pones contenta si es un papel buscado.

R: ¿Habías visto “Los Miserables”?

SL: No. Había visto el concierto del décimo aniversario. Me emocionaba enormemente la música, la historia, el libro. Había visto películas, leído otros libros de historia de esa época... realmente me había informado... A mi me gusta indagar mucho. Me gusta preparar las audiciones como si yo ya fuera a hacer el papel. Informarme de verdad. A mi me gustan las audiciones así, interesantes. Para “La Bella y Bestia”... el plumero... ¿Qué voy a indagar de un plumero? Pero un papel así, que tenga historia, me gusta prepararlo a conciencia. Me encantó preparar a Cosette, y me acuerdo que, en la última audición, dije: si no me cogen, al menos todo el proceso de preparación a mí ya me vale, porque he aprendido mucho. Obviamente, ya que estás ahí, quieres que te cojan. (Risas)

R: Obvio, si no, no estás ahí...

SL: ¡Claro! Y “Miserables” fue eso: mucho trabajo. Y luego se hizo mucho trabajo, también, con los directores. Ellos abordaron “Los Miserables”, con muchísima creatividad. Hicimos muchos trabajos de improvisación. No se si sabes que todos los personajes del musical, salvo Javert y Valjean, están, también, dentro del coro, porque eso es algo que lo hizo, en su día, el primer director de “Los Miserables”, para que todos los personajes tengan conciencia de lo que es el grupo. Por ejemplo, Fantine en el segundo acto es un nene de la barricada. Eponine y Cossete, en el primer acto, es una chica de la fábrica y prostituta porque interesaba que todos estuvieran juntos. No hay personajes principales. Esta es una obra de grupo y el que no lo entiende así no entiende la producción; eso te evita todo tipo de “divismo”. Luego, en los ensayos, se nos llevó mucho a la época de la dictadura. En la sala de ensayo nos hicieron colgar carteles de los desaparecidos, de las madres de la Plaza de mayo, para crear todo un clima de revolución. Y funcionó. Hicimos un montaje muy bueno.

R: En una grabación que tengo, de Buenos Aires, el famoso 24601 se transforma en 24602, ¿a qué es debido esto?

SL: Calculo que por una cuestión de rima. Es decir, las traducciones se decidieron hacer originales, directamente del inglés.

R: Claro, no es la misma letra que la versión de aquí de Madrid.

SL: No, no, no. Trabajó David White, que era el director inglÉs, con Alberto Babero, que está ahora dirigiendo “Cabaret”. Mariano Detri, que hizo aquí la traducción de “Cats”, y ahora esta dirigiendo “Los Miserables” en Londres. Entre ellos hicieron la traducción.

R: ¿Y tras “Los Miserables?

SL: Después de “Los Miserables” hice “Fiebre de Sábado por la noche” con Elenita Roger. Y nos agarró como una especie de depresión, aunque fue estupendo, una obra maravillosa y muy divertida, pero después de “Los Miserables”... No puedes comparar ninguna con “Los Miserables”...

R: Pero no solo a nivel de resultado. Dicen por ahí que, “Los Miserables”, te deja una huella diferente a cualquier musical...

SL: Sí, claro. Pero eso lo hablábamos después de que se terminara, al año, o año y medio, en Londres, con Kent, el director, y me decía que él hizo puestas por todo el mundo de “Miserables” (y él mismo era en la puesta original de “Miserables” el obispo de Digné), que realizó muchos otros trabajos pero nunca, nunca, nunca, se pudo despegar de “Los Miserables”. A él le paso. Se enamoró en “Miserables”, se casó en “Miserables”... A niveles personales y a niveles artísticos ésta es una obra que mueve y él lo comentaba y tenía una cantidad enorme de anécdotas de distintos lugares del mundo, en donde todos opinaban lo mismo y hablabas en Londres con la gente que lo estaba haciendo y le pasaba lo mismo...


R: Me has comentado cómo trabajas con directores y demás, pero a nivel ya particular, del personaje de Cosette, ¿cómo lo preparaste tú?

SL: Yo me enfoqué mucho en lo que ella había pasado de niña, en lo terrible que había sido vivir con esas personas, abusadoras y que la maltrataban.

R: Sin embargo, en la novela parece que lo haya olvidado todo. Yo entiendo, en la novela, que la época con los Thénardier queda como en un mal sueño...

SL: Pero ella lo tiene en algún lado. Lo recuerda... Claro, estás hablando con una futura psicóloga... Todo eso está ahí, en el inconciente. Yo me enfoqué realmente por ahí. Valjean le enseña a confiar en el amor, porque todo el amor que le da ese hombre, la ayuda mucho a encontrarse consigo misma. Me apoyé mucho en las relaciones que tuvo Cosette, sobre todo. Y esa rebeldía que nace cuando se enfrenta con el padre. Que ya deje de mirarla como una niña. Hay un cambio ahí, cuando se transforma en mujer.

R: Ese cambio, salvando las distancias es muy parecido al que sufre Bella

SL: El otro día yo pensaba en varios personajes... Los musicales tienen un hilo conductor y casi todos los personajes de mujeres jóvenes, sufren esa transformación de la que hablamos: la Bella, Cosette, Christine, la Johanna de Sweeny Tood...

R: Es curioso, no lo había pensado así. ¡Eso da para un artículo!

SL: Seguramente encontrarás más. Una Nala en “El Rey león”, por ejemplo... Y, al margen de que, casi todos los personajes femeninos jóvenes son sopranos. Es un patrón, siempre toman ese período de la mujer.

R: Me has dado una idea maravillosa para escribir un artículo. ¡Gracias! (Risas de ambos) Después, me decías, pasas a “Fiebre”...

SL: Sí, “Fiebre” fue divertida, fue otra cosa.

R: Es un cambio un poco grande, ¿verdad?

SL: Claro, no teníamos todo ese texto dramático. Después de “Los Miserables”, nos resultaba un poco Light... Aún así, tenia una producción muy buena, de Romay que no escatimo en nada. “Fiebre de Sábado por la noche” era un musical que estaba bien, la música movidita, me gustaba mucho, había que bailar y cantar muchísimo.... También a mi me dio la oportunidad de hacer algo de texto hablado, que todavía no había hecho nada. Había cantado y había bailado pero de texto nada. Entonces ahí me picó el bichito de empezar con teatro de texto.

R: Y después llegó “El Fantasma de la ópera”, lo primero que hiciste en Madrid.

SL: Sí, así es. Yo estaba en Londres, estudiando, cuando empezaron las audiciones, aquí, del fantasma. Y me vine a audicionar. Necesitaban una súper-mega-reemplazo que hiciera de todo, ¡pero de todo!, porque yo reemplazaba a todas las bailarinas, a todas las cantantes, a la Cristine... ¡Y da gracias que no me pusieron la máscara del fantasma!

R: ¡De milagro! (Risas)

SL: Pero porque no les iba a dar físicamente de fantasma, que si no... Fue una experiencia que estuvo bien, aunque “El fantasma” yo lo tenía mucho más idealizado. Pensaba que me pasarían muchas cosas, a nivel de actriz, y, en realidad, no me pasó nada. Me morí de aburrimiento... También me tocó un cuerpo de directores que no me gustó nada. Mira, cuando vienen directores de extranjeros, corres dos riesgos: o te toca un director que hace franquicia y “Mac Donalds”, que es lo que pasó con “El Fantasma”, que fue un montaje demasiado frío, en plan: “Te paras aquí, cuando viene la luz miras hacia allá”...., o te tocan directores muy buenos, como el caso de “Los Miserables”, que nos hizo poner hasta cosas de Las Malvinas, ¡un director ingles!, una semana de improvisaciones...

R: ¿Y después de “El fantasma de la ópera”?
SL: Después de “El Fantasma”, pasé por “Mamma Mia” raudamente y me fui al “Diluvio que viene”, que me ofrecían el personaje de Clementina, y me apetecía probar, hablar texto en español, porque lo primero que hice cuando llegué aquí fue estudiar doblaje con una actriz, buscar distintos acentos... Me parece primordial para trabajar en teatro.

R: Clementina parece un personaje fácil, pero seguro que no lo es..

SL: No. No lo es.

R: Yo pensaba una cosa que, seguro, te han dicho muchos: “¿Cómo dejabas “Mamma mia” para ir a “El Diluvio”? ¡Fíjate lo denostado que está“El Diluvio que viene”! Sin embargo, a mi me parece un montaje más teatral, MÁS QUE “Mamma Mia!”

SL: Sí, a mi me pasaba eso. Pero aquí se magnifican mucho las cosas y no se respeta, muchas veces, en qué lugar está el actor. Hablo por mí, yo puedo dejar una obra enorme por hacer un infantil pequeño, en un teatro, con la gente ahí al lado, siempre y cuando a mí me de de comer, y eso hay mucha gente que no lo entiende. “¿Cómo dejas una mega-empresa, o una mega-productora, una multinacional... por hacer un trabajo pequeño?” Nada, es problema de la persona que no lo entiende. En este caso, era un poco así. No es que me fuera a una obra más pequeña, pero dentro de algunos cánones, cerrados y estructurados, lo que se consideraba era que me iba a una obra menor. Sin embargo, yo, como trabajadora de esto, como actriz que trabaja de esto, Clementina me daba más que lo que yo estaba haciendo en “Mamma Mia”, y, aparte, salía a otra estructura. Veía como se trabajaba aquí en Estaña. Era otra forma de trabajar.

R: ¿Y qué diferencias hay?

SL : Se nota mucho la diferencia, con respecto a Argentina, en el público. Allí me parece que son más efusivos.

R: ¿Aquí somos más fríos?

SL: No. No son fríos. Son más correctos. Ahora ya me he acostumbrado, pero allí se muestran más efusivos, todo el mundo de pie, aplausos continuos... Una cosa más italiana, creo yo. De hecho, en las obras de aquí siempre hemos tenido un aplauso menos de lo que se hace en Buenos Aires. Allí se levanta el telón, y vuelve a levantarse una vez más; aquí no. Esa es una de las diferencias. Con respecto a otros cambios... yo puedo decirte que utilizamos el mismo lenguaje, pero el código no es el mismo. Y hasta que entiendes los códigos.... (Risas) A veces, es preferible que sea otro idioma distinto cuando llegas. Porque los argentinos tenemos un humor bastante irónico y bastante agudo, y a veces parece que lo que decimos sonara a burla. “Es un chiste. No estoy ofendiendo”. Otra cosa que he visto aquí, que me pareció muy bien, y que al principio me chocaba, es que el actor español usa más sus derechos. Es decir, por ejemplo: son ocho horas de trabajo y son ocho horas de trabajo, ni una más. A mi me chocaba mucho cuando decían, por ejemplo: “Hora de comer”, y todos agarraban el bolso y se iban y yo decía: “Voy a repasar la coreografía otra vez”... Hasta que te das cuenta que estás haciendo el ridículo, porque es un trabajo. Otra cosa: allí no existe el paro. Yo conozco compañeros que cogen el paro para poder estudiar en ese período. Para tener tiempo de hacer sus cursos, sus cositas y empezar a tener ganas de estar en otra obra. Por eso yo siempre he dado clases. Doy clases de danza desde los 16 años. Después, he pasado a dar clases de canto. Siempre he tenido alumnos. Aparte de que me fascina enseñar. Quería ser maestra.

R: Y llega el momento de “Mahagonny” Eso son palabras mayores. Tuvo una crítica maravillosa. Yo no he tenido el placer de verla. Sin embargo estuvo muy podo en cartel...

SL: Porque hubo problemas, ahí, con los alemanes. ¿Qué pasa? “Mahagonny” es una ópera. Y Mario Gas la quiso tratar respetando la parte operistica del coro y de la orquesta pero llevando los personajes más a teatro convencional. Parece ser que no gustó mucho a los alemanes. Pero sí, “Mahagonny” son palabras mayores, tanto en puesta en escena como en dirección. Todas las ideas que Mario tiene son fabulosas, es genial cómo le saca partido a todo. Yo terminaba temblando, cada función que hacía. Realmente el cuerpo me quedaba temblando. Pero esa cosa de la burocracia de los alemanes... “No, que es una Opera, y hay que respetar una Opera.” Y terminamos el 5 de Agosto. Teníamos programada una gira. Teníamos Barcelona, Milán. Teníamos un montón de cosas y lo malo fue que terminó así, en una semana. Por aquella época, yo ya empezaba a ensayar “Bella y Bestia”

R: ¿Ya habías hecho audiciones?

SL: Sí. Sí. En “Bella y Bestia” yo no pensaba ni estar. Me llamaron para Babette, directamente. El día que vino el director inglés me dicen: “Te vienes a cantarle a él”

R: ¿Fue duro el proceso?

SL: Todos los procesos de selección son duros, y todos hay que trabajarlos. No por ser una protagonista, en un musical, vas a tener que pasar, directamente, en la audición de otro. Vivimos, lamentablemente, en una época de divos. Hay mucha gente que no quiere trabajar. Quieren tener un personaje y ya. Y me consta, porque he tenido compañeras de veinte años, que es la primera obra que hacen, y se están quejando continuamente, y diciendo: “Yo el musical que viene, si no es un protagónico, no lo hago” y a mi me dan ganas de darles un bofetón. Un personaje te da posibilidad de desarrollarte como personaje, no para que figures como personaje. O te gusta estar arriba del escenario o no te gusta. Generalmente la gente que estropea su carrera es la gente que, cuando llega a un protagónico, dice “A partir de ahora, menos que esto no puedo hacer” y dejan de trabajar. Esos son los que caen rápido. Debut y despedida. Es lo que te decía, también, de estar trabajando continuamente con productoras importantes, y, de pronto, decir “a mí me apetece ir a hacer teatro callejero, porque me va a dar de comer, me puedo pagar la renta y me apetece ver qué pasa ahí, químicamente, con la gente.

R: Muchos de los divos, como tú has dicho, tienen problemas de madurez...

SL: Estamos en una época de inmediatez. Para mí, el premio de esta carrera, es seguir trabajando. Hacer cosas que te gusten y ser consecuente con lo que realmente te llena.
Decir: “si no tengo un personaje principal me voy a servir cafés”, pero no me quedo en el coro quejándome... O quejarse de las audiciones: “¡Tengo que dar cinco audiciones!” Pues mira, sí, es para conseguir un trabajo, ¿sabes? Además, durante todo el proceso aprendes mucho. Todo te deja algo siempre. Y el quejarte no te da nada, bueno, sí, cansancio...

R: ¿Y qué pasó una vez te cogen en “La Bella y la Bestia”?

SL: Fue curioso. Yo venía de hacer “El diluvio que viene” como alternante, con mucho tiempo libre. Luego “Mahagonny” que era por corto plazo, así que, cuando me cogieron, me quedé sin tiempo libre, y no estaba segura, del todo, que pudiera soportarlo, por que, lo que tiene “La Bella y la Bestia” es que son ocho funciones a la semana, y es inevitable, en algún momento, “poner la cinta” y salir a hacer el personaje y eso, a mí, llega un punto que me aburre.

R: ¿Disfrutas del papel de Babette, el plumero?

SL: Sí, claro. Lo disfruto mucho. Sale poquito, pero las apariciones que tiene... siempre son muy divertidas. A mi me gratifica porque la gente se acuerda del plumerito. Aparte, lo que pasa en este elenco, que hay que agradecer enormemente, es que la gente que trabajamos en él, sobre todo los personajes, venimos de otros montajes. Y tenemos mucha afinidad como personas y eso no pasa siempre y no tiene porque pasar en todas las compañías. Pero en este caso se da. Y es genial, porque nos conocemos mucho, pero mucho. Entonces, en el escenario, hay miradas o hay cosas que el público las tiene que recibir, que son totalmente nuestras, de otra índole, que van al personaje. Pero el público lo tiene que recibir. Hay mucha camaradería. Y, de todas formas, “La Bella y la Bestia” es una obra muy alegre, y eso se nota, que andamos todos por los pasillos riéndonos y con muy buen ambiente.

R: ¿Y cuando tienes un día malo?

SL: Cuando tienes un día malo, el plumero te lo cambia.... Aparte, “Bella y Bestia”, sobre todo en las funciones de la tarde, se llena de niños y a mi eso me fascina.

R: ¿Qué le dirías a toda la gente que ya ha visto la anterior versión?

SL: Antes que nada, que va a ver otra producción. Es totalmente distinta. Es decir, se mantiene la música, se mantienen los textos. Los personajes, por supuesto, y, claro, la historia es la misma... Pero el montaje, la puesta en escena, es diferente. La escenografía es distinta. Y por ahí se ha escuchado, antes de que vinieran a verlo, que venía una puesta cutre. Una puesta barata. Una puesta de gira. ¡No!, no es ni cutre, ni barata. Porque si yo digo lo que ha costado... se equipara, casi, a la otra. Y eso, la gente no lo sabe. Sí, es una puesta más pequeña en cuanto a que quepa en otros teatros, porque nosotros, supuestamente, después de las vacaciones ya nos estábamos yendo de gira, lo que pasa que va tan bien aquí, en Madrid, que vamos a estar un año más.

R: A mí, de hecho, me gusta más la escenografía de esta nueva versión, que la de la anterior.

SL: Claro. Eso me lo ha dicho mucha gente

R: Es más teatral. La otra era más cinematográfica.

SL: Eso también me lo ha dicho gente que ha visto la anterior. Se le da más importancia al trabajo de los actores aquí. Se han trabajado más los personajes. La otra estaba muy bien, pero era más parque temático. Sin desmerecer el trabajo de los actores, tanto de aquí como en la Argentina. Pero ya el concepto de la obra era así. Claro, tenías fuego, petardos por todos lados. El castillo que se te venía encima. Aquí tienes otro tipo de magia con las luces, es más teatral. Los personajes son más humanos, son más cercanos.

R: Están más trabajados.

SL: Tienen más matices, los personajes son más cercanos. No están tan caricaturizados. Se buscó la humanidad en cada personaje. De hecho, el director, lo que nos decía a cada uno de nosotros, era que pensáramos, no que éramos objetos, si no que éramos personas con una especie de enfermedad terminal. Entonces nos contó una historia de una amiga de él, que se estaba muriendo por una enfermedad, y terminamos todos llorando. De ahí nos fuimos a hacer los ensayos con toda esa carga que nos había dejado. Y yo creo que un poquito de eso se tiene que ver. Y de ahí la humanización de los personajes

R: En el programa de mano, le dedicas la obra a Pablo Lizaso.

SL: Sí, Pablo era el Lumiere de Argentina, que murió en el escenario, no haciendo de Lumiere, sino en “Chiquititas”. Estaban ensayando una escena donde él se tenía que desmayar, y cuando fueron a despertarlo, porque no se levantaba del escenario, vieron que estaba muerto. Fue terrible. Así que yo no sabía qué hacer cuando me dicen que soy Babette, todavía me quedaba la duda de si cogerlo o no, por esto que te comentaba de las ocho funciones. Dudas existenciales. Pues me acuesto a dormir y sueño con Pablo Lizaso. Sueño con él y él era mi Lumiere. Pablo siempre fue muy importante en mi carrera. Él fue el primero, por ejemplo, que me dijo que me preparara el personaje de Cosette para “Los Miserables”. Y en mi sueño, me dijo: “tienes que aceptar el personaje de Babette, porque te lo vas a pasar fenomenal”... Yo me guío mucho por señales, por cosas que no se ven, por los sueños.... Y cuando estoy muy rayada o cuando tengo un mal día, muchas veces, en el escenario, pienso mucho en él, porque Pablo era muy alegre...

R: Va por ti, también, esta entrevista, Pablo.

SL: Por él va, sin duda.

R: Permíteme que cambie de tema, y te pregunte algo que muchos han pensado al verte en escena... El vestido de Babette...

SL: ¡No es mi culo! (Risas)

R: Supongo que no, porque es exagerado...

SL: Es incómodo. Lo que pasa es que yo soy muy obsesiva para trabajar; fíjate, yo pedí una falda como esa desde el segundo día de ensayo, porque con esa falda pareces una geisha y para bailar el tanguito, que parece una tontería, te ibas de narices. El traje ahora ya me lo pongo y ando por todo el teatro. Subo escaleras, bajo escaleras... “plumereo” todo el teatro... (Risas) Pero aunque el traje es incómodo, igual es de los más agradecidos. Porque el de Lumiere con cuatro kilos en cada brazo... hay que mantener eso. Lleva una faja para no hacerse daño en las lumbares, y es que las cervicales se te cargan.

R: El traje amarillo de la Bella pesa mucho también...

SL: Sí, ese también es muy pesado. En general, son trajes incómodos. El del cuerpo de baile también. Las servilletas son pesadas para bailar, los tenedores... ¡buff!, para girar te cambia el eje como bailarín...

R: ¿Tienes algún “ritual” antes de salir al escenario?

SL: Cuando llego al teatro me preparo una infusión de algo. Después, mientras me maquillo, vocalizo un poco, generalmente me gusta vocalizar en casa. Y muchas veces, lo que hago antes de ir al teatro es una clase de yoga. Lo que sí que hago siempre, es terminarme de relajar y crear historias para Babette. Eso lo hago todos los días.

R: ¿Qué hace Babette cuando no está en escena?

SL: Lee. Lee psicología. (Risas) Es muy curioso ver al plumero estudiando con esos libros.

R: ¿Cuál es la anécdota más graciosa que le haya pasado a este elenco haciendo “La Bella y la Bestia”? O, al menos, a ti...

SL: Hace poco. La semana pasada fue, o la anterior. Estábamos haciendo el tango. La verdad es que es reírse de la desgracia ajena. Estábamos haciendo el tango con Lumiere. Y de pronto escuchamos un ruido como si se hubiera caído algo. Rápidamente nos damos la vuelta y vemos al Din Don que se había caído para atrás. Te lo cuento porque no se hizo nada. Pero quedó como una cucaracha. No se podía levantar

R: ¿Todo esto en el escenario?

SL: Sí, sí, en el escenario. Y nosotros seguimos bailando el tango pero muertos de la risa. Es que no podíamos sostenernos de la risa. Pero, a la vez, teníamos algo de preocupación, porque no sabíamos si le había pasado algo. Y tuvieron que salir tres técnicos vestidos de negro arrastrándolo porque no había forma de levantarlo. Así que lo sacaron, pero después, él tiene que salir a decir lo del tour por el castillo, y salió todo apurado, y, de pronto, lo miramos y tenía la peluca para atrás... ¡Qué risa! (Risas) Recuerdo, que, en “El diluvio que viene”, salió la voz de Dios, pero de otra escena. Y el padre Silvestre, Víctor, se quedó y dijo: “no le oigo, Dios”... Eso es lo bueno del teatro. Cuando te pasan esas cosas y las tienes que sortear. Cuando hay problemas en el escenario, a mi me encanta.

R: Forma parte de la magia.

SL: Siempre y cuando no pase algo grave. Si son fallos menores, te dan la oportunidad de ser natural, de tener tablas para resolverlo.

R: ¿Nos puedes contar como es un día normal en “La Bella y la Bestia”?. Desde que llegas al teatro, hasta que te vas...
SL: Llego a las siete y cuarto más o menos.

R: ¿Está ya todo el elenco allí?

SL: Sí, a las siete y media ya están todos. El horario de entrada es siete y media. Te esperan hasta las ocho, como última hora, porque se tiene que preparar el cover. Si a las ocho no estás: Cover. Obviamente en media hora no te vas a preparar. Bueno, pues llego, me pongo una batita, me empiezo a maquillar. Mis compañeras de camerino son maravillosas: Ángèls Jiménez y María José Oquendo, somos muy amigas. Aparte somos las tres del bloque femenino que hace más que venimos trabajando, pues Julia está del otro lado. Y elegimos el primer camerino de abajo. Somos como una institución. (Risas) A la media hora te vienen a poner la peluca. Viene la encargada de vestuario y te cambia. Y como nostras no salimos hasta el castillo, empieza la obra y ahí nos estamos cambiando. Vamos a chequear micro y ahí, cada una, a prepararse las escenas. Bueno, el ropero no, porque entra más tarde que yo. Transcurre la obra. Muchas veces en el intermedio festejamos los cumpleaños con algún pastel. Siempre se pide un euro a cada uno de la compañía, para hacer los regalos correspondientes, así que, generalmente, hay una fiesta de diez minutos nada más. Y luego seguimos con la obra. Terminamos y cada uno a su casa. Muchas veces, como tenemos el bar, ahí, en la esquina, nos tomamos una cañita para relajarnos y nos vamos a casita. Ese mito que hay de la actriz o el actor que sale continuamente--- ¡Mentira! Bueno, el domingo pasado tuvimos una fiesta que la armamos nosotros mismo, de todos los cumpleaños de marzo y fue genial. Estuvimos como hasta las siete de la mañana. Comerse una tortita, hablar un poco de otra cosa, porque claro sino tampoco tienes vida con compañeros que no sean del teatro. Porque llegas, te metes en tu camerino, te maquillas, “hola”, “ciao”...

R: ¿Tú eres conciente del poder que tienes en tus manos, que puedes cambiar, emocionar, inspirar al público? Porque lo que comentábamos antes de esta gente, que lo único que hace es quejarse... Yo creo que esta gente no es conciente de ese poder, de estas cosas tan hermosas...

SL: Mira, cuando me veo a mí misma quejándome, lo que hago es recordar eso, el poder que tenemos.... Veo una cantidad de gente que se está riendo con una escena mía, que está pasándolo bien, o chiquitos con síndrome de down, o que están en una silla de ruedas y se están riendo... Yo estoy, de alguna forma, modificando a otra persona. Estoy entregando algo, por más pequeño que sea. Ahí se te va todo y piensas: “qué afortunada que soy, que puedo vivir de mi trabajo y de un papel que está más que bien”.

R: ¿Qué es para ti actuar?

SL: Es ponerte en el papel de otra persona, de otro ser.

R: Pero, ¿es solo eso?

SL: No, también es modificar a la persona que tienes delante. Es entregar. Es dar...

R: Por eso, el que no está dispuesto a dar, no puede recibir tampoco.

SL: Claro. Tiene que ser algo recíproco.

R: ¿Qué le recomendarías a la gente que está empezando y que realmente quiere dedicarse a esto de manera profesional y que tiene sus miedos, como es lógico? ¿Que les dirías?

SL: Que estudien. Tomar clases. Prepararse. Cuanto más preparado estás, en ninguna audición te pueden decir que no. Eso lo primero, y lo segundo: querer esta profesión desde el lugar que te toque.

R: Eso es algo que no me han dicho en ninguna de las entrevistas, y me parece de lo más sensato e interesante.

SL: Pero es que es verdad. Todos somos parte del proceso creativo. Hasta los maquinistas. El teatro es un conjunto muy grande. De individualista tiene muy poco. Si realmente la persona se quiere dedicar a esto, que tenga una conciencia muy amplia al respecto de lo que es trabajar en el escenario. ¡Ah!, se me ocurre un tercer punto: trabajar con respeto. Respeto por los directores. En caso que te toque un director que consideres malo, es tu director, te pones a merced de tu director y esa persona siempre va a querer lo mejor para ti. Sea bueno o sea malo. El respeto se ha perdido mucho. Yo vengo con una disciplina del ballet que es tremenda. Porque yo tengo respeto por el que está arriba, o por el que viene trabajando hace mucho más tiempo. Es imprescindible querer esta profesión desde todos los puntos de vista. Desde lo que te toque hacer o desde lo que te toca estudiar. El no perder las ganas de aprender, el ver cómo trabaja gente que hace más tiempo que tú está en este mundillo y no ser tan necio y decir “yo ya me las sé todas”; nunca nadie se las sabe todas en esta profesión.

R: ¿Y nunca es tarde para aprender?

SL: Mira, conozco gente que ha empezado a bailar a los veintisiete, veintiocho o a los treinta, y ahí están. Tienes a una Teresa Nieto que es Premio Nacional de Danza, y empezó a bailar ya con unos años. El secreto está en toda la energía y voluntad que tengas. Y en no poner el ojo en el trabajo que hace el de al lado. No comparar. Saber que cada uno es único. Tú vas a ir a una audición sabiendo lo que vas a dar, lo preparado que estás y lo que vas a dar en ese papel. Si vas a ir a una audición pensando “está fulanito, esta fulanita a ver cómo lo hace” ya eso te resta energía. Eso también es otro aprendizaje, estar enfocado en ti mismo. “Me falta aprender esto”, me busco un maestro, pero dentro de mí mismo. De competencia, de mí a mí. No de mí contra otro, que es imposible, porque otro es distinto a ti.

R: Y ahora, ¿qué le dirías a los Argentinos, los chicos nuevos que sueñan con ser alguien como Silvia Luchetti? ¿Y para tus compañeros argentinos, que te conocen y están al otro lado del charco?

SL: Para mis compañeros... Yo estoy en contacto con muchos de ellos. Mira, hay una cosa de Buenos Aires que me fascina, que es que, cuando no hay teatro, y no hay obras grandes, existe un poder de creatividad grandísimo, porque hay que comer, claro, y se vuelven todos muy creativos y lo que veo es que todos están haciendo algo. El que no esta haciendo un café-concert, está haciendo un teatro pequeñito y pasa la gorra. Y eso a mí me llena de orgullo, me gustan mucho ese tipo de cosas. Que sigan para adelante y que los recuerdo con muchísimo cariño, y me encanta ver que se siguen moviendo y haciendo cosas. Luego la gente que está empezando, tengo un par de maestros amigos en el IUNA y siempre me dicen que viene un semillero de gente joven maravillosa. No puedo hablar porque no estoy ahí, aunque iría, encantada, de maestra.

R: Lo apuntamos por si algún día inauguramos una escuela en Madrid... (Risas)

SL: (Risas) ¡Uy!, encantadísima de la vida. ¡Contad conmigo! Mira, yo tenía un maestro de ballet que decía siempre: “10% de talento, 90% de transpiración”, y la verdad es que tiene toda la razón, porque conozco gente que no ha sido virtuosa, vocalmente, por naturales, y se lo ha currado mucho hasta el punto de tener, ahora, personajes principales, o ser una auténtica estrella. O gente, como te decía, que se han puesto a bailar a los treinta años. El secreto es trabajar. No es decir: tengo talento o no tengo talento. Yo creo que, en realidad, el ser humano está capacitado para ser lo que quiera, lo que le salga del pie, siempre y cuando tenga disponibilidad y voluntad para trabajárselo, y todo eso aderezado con mucho amor. Si no, pasa a ser un sacrificio y si es un sacrificio no vale, porque no hay resultados sinceros. Si quieres, puedes.

R: Incluso volar se puede. De verdad. Yo creo que sobre el escenario se llega a volar. Nacen las alas. Bueno, vamos con la última pregunta ya, ¿no estás aburriendo mucho?

SL: ¡Qué va! Lo estoy pasando fenomenal.

R: ¡Muchas gracias! Bueno, yo quería preguntarte qué opinas de nuestro portal, de redteatral...

SL: La verdad es que está fenomenal.

R: ¿Cómo lo descubriste?

SL: Un día me puse a navegar y apareció lo de la enciclopedia del musical. Que me parece ¡súper interesante! Y es que no es solamente un portal de foro de cotilleo... Sino que es un portal de información. Yo tengo un libro que me compré en Londres, que es más o menos lo que estáis haciendo vosotros en el portal. A mí me gusta mucho la historia de los musicales. Yo me puedo colgar bastante en la web, mirando, leyendo... Me gustó la cartelera como la tenéis montada. Y la parte de noticias, de artículos. Vamos, que está muy bien, me parece un trabajo que es válido, que aporta cosas al musical. Hay otros trabajos, en cambio, que no aportan nada.

R: Pues muchas gracias, Silvia. Desde luego, sí que intentamos aportar datos e informar a todos los usuarios y, mucha de la culpa, la tiene gente como tú, que concede estas entrevistas tan maravillosas. Así da gusto.

SL: Muchas gracias a vosotros. Como bien dices, así da gusto.

Y el corazón sonrió confiado. Al menos, pese al borrador de las preguntas desaparecido, algo no habíamos perdido: la mirada brillante de dos almas ingenuas unidas, profesionalmente, por ese hechizo mágico llamado teatro.

Esteban García Valdivia
(Agradecimientos a Natalia Peñaloza)


FICHA DE LA ACTRIZ EN REDTEATRAL

COMENTA ESTE ARTÍCULO EN EL FORO

Vuelos, Hoteles, Vacaciones - www.rumbo.es Buscar vuelo
Origen
Fecha de salida Adultos
Destino
Fecha de regreso Niños
BUSCADOR DE VUELOS